Málaga producirá cada hora 35 kilos de ozono para tratar el agua que sale por los grifos

Emasa contrata una obra para triplicar la generación en El Atabal de este gas que permitirá conseguir agua ‘fina’ con peor calidad en origen

La desalobradora de El Atabal fue la única obra del Plan Hidrológico Nacional de 2001 que llegó a acometerse en la provincia. En un principio se diseñó para eliminar la alta salinidad de recursos como los procedentes del Guadalhorce. Sin embargo, con el tiempo, y tras numerosas ampliaciones y ajustes, se ha convertido en un gran aliado para afinar el tratamiento de agua. Cuando hay sequía, por ejemplo, no sólo bajan las reservas, también se empeora la calidad.

Se buscan recursos subterráneos y los convencionales también sufren. Aparecen concentraciones mayores de metales pesados y otros residuos. Y en este punto es determinante la acción del ozono, cuya potencia se va a triplicar con unas obras adjudicadas a Dinotec por un importe de 1,54 millones de euros y un plazo de ejecución de ocho meses. El proyecto técnico corrió en su día a cargo de la consultora malagueña Narval.

Financiación europea

El 85% de la financiación de esta obra promovida por Emasa, la empresa municipal de aguas, corre a cargo de fondos europeos.

El Atabal tiene una capacidad de tratamiento de 9.000 metros cúbicos por hora. Está preparada para mayor demanda, ya que son 2.500 litros por segundo y ahora Málaga raramente supera los 1.650. Con el ozono, ahora mismo sólo llega a 3.600 metros cúbicos por hora. Se pasará de una línea a tres.

Calidad

«Debido a la situación de sequía y al estado actual de los embalses que suministran el agua a la ETAP, se han visto incrementadas las concentraciones de algunos parámetros físico-químicos y biológicos, así como la presencia de sustancias no deseables.

La necesidad de eliminar estas sustancias para garantizar el abastecimiento de agua potable a la población conlleva adoptar medidas para garantizar que las aguas cumplan con las especificaciones del Real Decreto 3/2023, de 10 de enero, por el que se establecen los criterios técnico-sanitarios de la calidad del agua de consumo, su control y suministro. Se pretende actuar fundamentalmente en el sistema de preoxidación existente, ampliando el sistema de generación y dosificación de ozono en la ETAP», recogía el pliego de condiciones técnicas del concurso.

«La solución a proyectar consistirá en la instalación de dos nuevos equipos de generación de ozono que producen 12,79kg/h cada uno (+/- 5%), con una agua de enfriamiento de 10ºC, lo que permitiría para un caudal de 9.000 m³/h alcanzar una dosis de 3 ppm [partes por millón], manteniendo el equipo actualmente instalado como reserva de los nuevos equipos», se añadía.

«El ozono no deja subproductos clorados y elimina color, sabor y olor»

«El ozono es un oxidante, con un poder de oxidación mayor que el cloro. No produce compuestos perjudiciales para la salud. Oxida el hierro y el manganeso, pudiendo ser retenidos y coagulados posteriormente. Además, el ozono no deja subproductos clorados y elimina color, sabor y olor», resume el documento técnico.

En El Atabal, el ozono es generado mediante oxígeno al 99,9 %, con lo que es necesario el almacenamiento de éste en forma líquida, para su correcta manipulación en todo el proceso descrito.

La implantación del ozono se realizó a principios de 2024 y fue ejecutada por la unión de empresas Dinotec-Pavimentaciones Morales por un importe de 1,4 millones de euros.

Ahora mismo, el Atabal puede producir 11 kilogramos de ozono por hora. Además de capacidad de higienizar el agua, el uso de ozono aumenta la duración de las membranas de ósmosis para la desalación (que son un elemento caro), bajan el uso de químicos en el tratamiento, disminuye la corrosión y atascos en tuberías y mejora el sabor general del agua.

Artículo originalmente publicado en Diario SUR.

Cómo avanzar hacia un sistema de gestión del agua más inteligente

La gestión del ciclo urbano del agua se enfrenta hoy a un contexto cada vez más exigente, marcado por la presión sobre los recursos hídricos, la necesidad de optimizar infraestructuras y la adaptación a escenarios cambiantes.

En este entorno, iniciativas como el PERTE de digitalización del ciclo del agua impulsan la evolución hacia modelos de gestión más avanzados, basados en el conocimiento del sistema, la integración de la información y la capacidad de anticipación.

Conocer el sistema: el punto de partida

Un sistema de agua inteligente comienza por comprender cómo funciona.

Disponer de un conocimiento detallado de las infraestructuras, su estado y su comportamiento es esencial para poder gestionar el ciclo del agua de forma eficiente. Actuaciones como el análisis de redes, los levantamientos topográficos o la modelización permiten construir esa base.

Sin este conocimiento, la toma de decisiones se limita y la capacidad de actuación se reduce.

La importancia de los datos en la gestión

La evolución hacia un modelo de gestión más avanzado pasa necesariamente por la disponibilidad de información.

La sensorización de infraestructuras y la monitorización de variables como caudales, volúmenes o presiones permiten disponer de datos actualizados sobre el sistema. Estos datos, integrados y analizados de forma conjunta, facilitan una visión completa del ciclo del agua.

Porque sin información, no es posible comprender el sistema ni tomar decisiones ajustadas a la realidad.

Sensores, control y monitorización en tiempo real

La incorporación de sensores y sistemas de control permite conocer lo que ocurre en la red en cada momento.

Este seguimiento continuo facilita la detección de anomalías, el análisis del comportamiento del sistema y la optimización de la operación. La monitorización en tiempo real introduce una capacidad de respuesta más ágil y una gestión más precisa.

Así, el sistema deja de ser meramente reactivo y evoluciona hacia un modelo de control continuo que, junto con las acciones preventivas, impulsa una gestión más robusta, eficiente y preparada para anticiparse a cualquier desafío.

Evaluar riesgos y anticipar

Un sistema de agua inteligente no solo describe lo que ocurre, sino que permite anticipar posibles situaciones.

La elaboración de planes sanitarios, los protocolos de vigilancia o los estudios de control de fugas introducen un enfoque basado en la identificación de riesgos y en la definición de medidas de control adaptadas a cada sistema.

Este enfoque preventivo permite reforzar la seguridad del suministro y mejorar la eficiencia operativa.

Planificar desde el conocimiento

La disponibilidad de información y su análisis permiten avanzar hacia una planificación más ajustada a la realidad del sistema.

La modelización de redes y la construcción de réplicas digitales permiten simular escenarios incluso en condiciones extremas, llevando el sistema al límite para poner a prueba su comportamiento en los momentos más críticos. De este modo, es posible anticipar su respuesta, identificar vulnerabilidades y priorizar actuaciones que refuercen la resiliencia y optimicen la gestión de las infraestructuras.

Un modelo adaptado al territorio

Cada municipio presenta características propias en cuanto a infraestructuras, configuración de la red y necesidades operativas, lo que exige un enfoque específico en cada caso.

Por ello, en el marco del PERTE, las actuaciones se desarrollan de forma individualizada, adaptando las soluciones a cada contexto y garantizando una gestión alineada con la realidad de cada territorio.

Este planteamiento resulta especialmente relevante en municipios de pequeño tamaño, algunos con riesgo de despoblación. En estos casos, el proyecto permite alcanzar un nivel de robustez y de gestión difícilmente alcanzable en este tipo de municipios.

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Hacia una gestión más eficiente y conectada

En conjunto, un sistema de agua inteligente se construye a partir del conocimiento del sistema, el uso de datos y la monitorización continua.

El proyecto AQLARA-TEC, enmarcado en el PERTE de digitalización del ciclo del agua, impulsa este modelo en distintos municipios, reforzando la capacidad de gestión y avanzando hacia sistemas más eficientes, conectados y preparados para los retos actuales.

El papel de las infraestructuras hidráulicas en la calidad de vida de las ciudades

Las ciudades funcionan gracias a una red de sistemas que, aunque en gran parte invisibles, resultan esenciales para el día a día de millones de personas. Entre ellos, las infraestructuras hidráulicas desempeñan un papel clave para el desarrollo de la vida urbana.

Desde el abastecimiento de agua potable hasta la gestión de las aguas residuales, estas infraestructuras garantizan condiciones básicas de salud, bienestar y desarrollo. Su correcto funcionamiento no solo permite cubrir una necesidad esencial, sino que influye directamente en el equilibrio social, económico y ambiental de los territorios.

En un contexto cada vez más exigente, su papel adquiere una dimensión estratégica para las ciudades del presente y del futuro.

Infraestructuras que hacen posible la vida urbana

El ciclo integral del agua se apoya en un conjunto de infraestructuras que actúan de forma coordinada. Captación, potabilización, distribución, saneamiento y depuración forman parte de un sistema continuo que asegura que el agua llegue en condiciones óptimas y sea devuelta al medio natural con todas las garantías.

Este entramado técnico permite que las ciudades funcionen con normalidad, incluso en situaciones de alta demanda o complejidad operativa. Su planificación, mantenimiento y mejora constante resultan fundamentales para garantizar la continuidad del servicio y la calidad del recurso.

Impacto directo en la calidad de vida

El impacto de estas infraestructuras se percibe de forma clara en distintos ámbitos de la vida urbana.

En primer lugar, en la salud pública. El acceso a agua potable de calidad y la correcta gestión del saneamiento han sido históricamente uno de los factores más determinantes en la mejora de las condiciones de vida en las ciudades.

También en la continuidad del servicio. La disponibilidad de agua en condiciones adecuadas permite el funcionamiento de hogares, industrias y servicios, contribuyendo al desarrollo económico y a la estabilidad de los entornos urbanos.

A ello se suma el confort y la seguridad. La capacidad de responder ante incidencias, evitar vertidos o gestionar episodios de lluvias intensas influye directamente en la percepción de bienestar de la ciudadanía.

Ciudades más exigentes, nuevos desafíos

Las infraestructuras hidráulicas se enfrentan hoy a un escenario marcado por nuevos retos. El crecimiento urbano, la presión sobre los recursos y la variabilidad climática obligan a replantear y mejorar los modelos de gestión tradicionales.

Fenómenos como las sequías prolongadas o episodios extremos, como las DANAs, evidencian la necesidad de contar con sistemas preparados para responder con agilidad y anticipación.

Además, la diversidad territorial introduce distintos niveles de complejidad. No todos los municipios cuentan con los mismos recursos ni afrontan los mismos desafíos, lo que requiere soluciones adaptadas a cada realidad.

La digitalización como palanca de mejora

En este contexto, la digitalización se consolida como una herramienta clave para avanzar en la gestión del ciclo del agua.

La incorporación de tecnologías permite mejorar el conocimiento del sistema, optimizar la toma de decisiones y anticipar posibles incidencias. El acceso a datos en tiempo real facilita una gestión más eficiente, una predicción más anticipada y una respuesta más rápida ante situaciones críticas.

Este enfoque no solo mejora la operativa diaria, sino que contribuye a una gestión más equilibrada del recurso, ajustada a las necesidades reales de cada territorio.

Infraestructuras que construyen futuro

Más allá de su función técnica, las infraestructuras hidráulicas representan una inversión estratégica para el desarrollo de las ciudades.

Su planificación a largo plazo permite garantizar la sostenibilidad del recurso, mejorar la resiliencia frente a los efectos del cambio climático y asegurar un servicio de calidad para las generaciones futuras.

Invertir en infraestructuras es, en definitiva, invertir en calidad de vida y en asegurar el futuro. Es reforzar la capacidad de las ciudades para adaptarse, crecer y responder a los desafíos de un entorno en constante transformación.

Una responsabilidad compartida

El buen funcionamiento del ciclo del agua no depende únicamente de la tecnología o de las infraestructuras. Requiere también de una gestión responsable y de una mayor sensibilización por parte de la sociedad.

Entender el valor del agua y el papel que desempeñan estas infraestructuras permite avanzar hacia un modelo más sostenible, en el que administraciones, empresas y ciudadanía compartan un mismo objetivo.

En este camino, en Aqlara trabajamos para impulsar una gestión eficiente, sostenible y adaptada a las necesidades de cada territorio, poniendo el foco tanto en la mejora de las infraestructuras como en la incorporación de soluciones innovadoras que permitan anticipar y responder a los desafíos actuales.

Porque garantizar el acceso al agua en condiciones óptimas no es solo una cuestión técnica. Es una responsabilidad con las ciudades, con las personas y con el futuro.

Nitratos y calidad del agua: dimensión real del problema y claves de gestión

La presencia de nitratos en el agua es uno de los principales vectores de presión sobre los recursos hídricos en zonas agrícolas intensivas. En la Comunitat Valenciana, este fenómeno tiene una base estructural clara: elevada actividad agraria, uso intensivo de fertilizantes y una importante dependencia de aguas subterráneas.

El análisis, sin embargo, requiere matiz. Los datos disponibles apuntan a un problema relevante, pero acotado, monitorizado y con margen de mejora a través de gestión técnica.

Magnitud del fenómeno: cifras clave

· Límite normativo europeo: 50 mg/L de nitratos en agua potable.

· En España, aproximadamente el 20–25% de las masas de agua subterránea presentan concentraciones elevadas de nitratos (por encima o próximas al umbral).

· En la Comunitat Valenciana, este porcentaje es superior, situándose en torno al 30–40% en determinadas demarcaciones hidrográficas.

· Más del 60% del territorio autonómico ha sido declarado como zona vulnerable a nitratos en algún momento según revisiones recientes.

· El consumo de fertilizantes nitrogenados en la región supera en algunos cultivos intensivos los 150–200 kg de N/ha/año, frente a medias europeas inferiores.

Estos datos explican por qué la región aparece frecuentemente en análisis nacionales y europeos sobre presión por nitratos. No obstante, también reflejan que el problema está claramente identificado y delimitado.

Origen: eficiencia en el uso del nitrógeno

El origen principal es conocido:

· Agricultura intensiva (cítricos, hortícolas, regadíos)

· Aplicación de fertilizantes minerales y orgánicos

· Desajustes entre aporte de nitrógeno y absorción real del cultivo

Se estima que, en condiciones convencionales, entre el 20% y el 40% del nitrógeno aplicado puede no ser absorbido por la planta, quedando disponible para lixiviación hacia acuíferos.

Este margen de ineficiencia es, a su vez, la principal oportunidad de mejora.

Impacto: efectos medibles, no homogéneos

Los efectos asociados están bien documentados:

· Aguas subterráneas: acumulación progresiva de nitratos, con recuperación lenta (años o décadas).

· Aguas superficiales: riesgo de eutrofización en embalses y zonas húmedas.

· Abastecimiento: necesidad de tratamientos adicionales cuando se superan los 50 mg/L.

Sin embargo, el impacto es heterogéneo:

· Existen masas de agua en buen estado químico.

· Otras presentan problemas localizados, no generalizados.

· Las tendencias en algunas zonas muestran estabilización o ligera mejora tras la aplicación de medidas.

Monitorización: control continuo y trazabilidad

El seguimiento se apoya en redes de control consolidadas:

· Miles de puntos de muestreo en aguas subterráneas y superficiales

· Frecuencias de análisis periódicas (trimestrales o semestrales)

· Series históricas que permiten analizar evolución

Este sistema permite:

· Detectar superaciones del umbral de 50 mg/L

· Identificar zonas críticas

· Evaluar la eficacia de las medidas adoptadas

En términos operativos, el problema no es de falta de información, sino de optimización en la gestión.

Medidas aplicadas: impacto cuantificable

En las zonas vulnerables se aplican programas de actuación con efectos medibles:

· Reducción de dosis de fertilización: ajustes del 10–30% en función de cultivo y suelo

· Limitación temporal: prohibición de aplicación en periodos de riesgo

· Mejora en técnicas de riego: reducción de lixiviación en torno al 15–25%

· Implantación de cuadernos de campo y trazabilidad

En regiones donde estas medidas se aplican de forma consistente, se han observado:

· Descensos de concentración de nitratos de 5–15 mg/L en periodos de 5–10 años

· Estabilización de masas de agua previamente en deterioro

Coste y gestión en abastecimiento

Cuando los niveles superan los límites:

· Se recurre a mezcla de recursos (dilución)

· O a tratamientos específicos (ósmosis inversa, intercambio iónico, desnitrificación biológica, electrodiálisis, eliminación catalítica …)

El coste de estos tratamientos puede situarse en rangos de 0,05–0,20 €/m³, dependiendo de la tecnología y escala, lo que introduce presión económica en los sistemas de abastecimiento.

Perspectiva: margen de mejora sin ruptura del modelo

El reto no es eliminar el uso de fertilizantes, sino mejorar su eficiencia:

· Agricultura de precisión

· Sensórica y modelización de cultivos

· Fertirrigación optimizada

· Digitalización del seguimiento

La evidencia indica que es posible reducir significativamente el impacto manteniendo niveles productivos.

Conclusión

Los nitratos en el agua representan un problema relevante en la Comunitat Valenciana, con indicadores por encima de la media nacional y europea en algunos ámbitos. Sin embargo:

· Está claramente identificado

· Se monitoriza de forma continua

· Existen medidas eficaces con resultados demostrados

El enfoque adecuado pasa por la gestión técnica y la mejora progresiva de la eficiencia, evitando tanto el alarmismo —que distorsiona la percepción del riesgo— como la inacción, que compromete la sostenibilidad del recurso.

La variable crítica no es la existencia del problema, sino la capacidad de gestionarlo con criterios operativos, datos y disciplina en la aplicación de medidas.

Desde Aqlara, trabajamos con una visión basada en la eficiencia, la prevención y el control continuo, contribuyendo a garantizar la calidad del agua y la protección de los ecosistemas.

Porque avanzar hacia una gestión más sostenible del agua es, también, avanzar hacia un entorno más equilibrado para todos